miércoles, 27 de julio de 2011

Un grupo de pintores glosa en imágenes la obra literaria de Jiménez Lozano


La lectura de la obra de José Jiménez Lozano, Premio Cervantes 2002, ha generado un ramillete de emociones y sentimientos a un grupo de pintores, noveles y experimentados, que ha trasladado al lienzo en temáticas y técnicas diferentes como se aprecia dentro de la exposición que los ha reunido en Valladolid.


El mundo preciosista, de ensoñación y colorido que envuelve a la protagonista de la novela Sara de Ur (1989), ha inspirado la mayor parte de la veintena de cuadros que, hasta el 29 de julio, puede contemplarse en el Centro Cívico Zona Sur, en la ciudad de Valladolid, por iniciativa de la Asociación Cultural Distrito Cinco.


"Sara llevaba puesto su vestido de color índigo, el collar de cuentas rojas, la cinta de oro sobre el pelo y los zapatos rojos de tacón muy alto". Así describe Jiménez Lozano la indumentaria, pero también el espíritu de fantasía y ensueño con que dotó a la protagonista de su novela, que vivió un siglo y constantemente reía.


Hasta cuatro pintores -Gemma Rebordinos y Lourdes Escribano entre ellos- han sucumbido al ámbito delicuescente y preciosista que rodea a Sara de Ur y lo han llevado al lienzo o al papel, en forma de óleo o acuarela: sus tacones rojos, el mar o el pato salvaje que también figuran en esa narración.


Tan sólo uno de los cuadros expuestos pone rostro al escritor protagonista, de 81 años y que ha publicado más de medio centenar de libros en forma de ensayo, novela, cuentos y poesía distinguidos con los principales premios de las letras hispanas, entre ellos el Cervantes que recibió en 2002 dentro de la Universidad de Alcalá.


"La obra de José Jiménez Lozano es muy sugerente y tiene un gran contenido emocional, es de mucho sentimiento", ha explicado Ana Arranz, uno de los artistas y coordinadora de esta iniciativa que es el resultado de una práctica de fin de curso realizada por los alumnos del taller de pintura de la Asociación Cultural Distrito Cinco.


Desde adolescentes de doce años hasta prejubilados y trabajadores de profesiones variopintas, "pero todos ellos unidos por su común interés en aprender", protagonizan esta exposición presentada con el lema de "Imágenes para un texto sobre la obra de Jiménez Lozano".


La palabra desnuda, desprovista de cualquier atisbo de artificio, la que siempre se ha escuchado en los pueblos, generalmente en boca de las clases más humildes, es uno de los principales bastiones de la narrativa lozaniana como ha apreciado Pilar Bueno, otro de los alumnos, a través del 'collage' que ha colgado.


Sobre el fondo de páginas de periódicos, otra de las facetas y vocaciones del escritor abulense, Pilar Bueno ha escrito una gavilla de palabras extraídas de la novela El mudejarillo (1992) y que llaman la atención porque traen memorias de otro tiempo: cangilones, palafreneros, labajo, escaramujo, enjalbegar o pañizuelo.


Los cuentos o relatos cortos, donde el pulso y la tensión narrativa de Jiménez Lozano resulta más perceptible, también han seducido a los participantes en la exposición, caso del perro labrado en tela de arpilla que Nuria Morón ha extraído de la lectura de El Balneario (1988).


Irene Muñoz, uno de los participantes más jóvenes, ha preferido el murciélago protagonista de uno de los poemas de Elegías menores (2002) para la acuarela colorista y naif que ha firmado.


Otros libros donde los artistas se han inspirado han sido el ensayo "Guía espiritual de Castilla" (1984); las novelas "Las sandalias de plata" (1996), "Maestro Huidobro" (1999); los diarios "Cuadernos de Rembrandt" (2010); y los relatos contenidos en "El grano de maíz rojo" (1988), "Los grandes relatos" (1991), "El cogedor de ancianos" (1993) y "El azul sobrante" (2009).


Fuente: ABC

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